Hallazgos clínicos: cómo recoger e interpretar hallazgos a partir de la historia clínica y exploración física.
Etiología: identificar la causa, el origen, de la enfermedad.
Diagnóstico: resolver dilemas a la hora de pedir e interpretar pruebas diagnósticas. La continua proliferación de la tecnología refuerza la necesidad de que el clínico tenga capacidad para valorar los artículos sobre pruebas diagnósticas, conozca los principios para valorarlos y pueda utilizar de forma óptima la información que proporcionan, teniendo en cuenta su calidad y utilidad, costes, seguridad, …
Diagnóstico diferencial: cómo clasificar las posibles causas de una enfermedad en función de su probabilidad, gravedad y susceptibilidad de tratamiento.
Pronóstico: cómo calcular la probable evolución clínica de un paciente, y anticipar las posibles complicaciones de su enfermedad. Conocer el poder de marcadores pronósticos.
Tratamiento: cómo elegir los tratamientos que producen mayores beneficios y seguridad. Valoración de su coste beneficio.
Prevención: cómo reducir la posibilidad de que se produzcan enfermedades, identificando y modificando factores de riesgo. Cómo realizar el diagnóstico precoz.
Desde el punto de vista de los beneficiarios fundamentales de la asistencia sanitaria, los pacientes y usuarios, en la actualidad están mejor informados, reclaman una asistencia de calidad, más participación en la toma de decisiones, y que se tengan en cuenta sus preferencias y valores.
En resumen, la MBE es una respuesta a las necesidades y demandas de mejora de la calidad de la atención, pretende disminuir el tiempo transcurrido entre los descubrimientos y su implementación y promover la competencia profesional, optimizando el tiempo que los profesionales requieren para mantener su práctica al día. Su estrategia se fundamenta en el aprendizaje de una metodología, y la búsqueda y aplicación de información científica y de protocolos y guías desarrollados por otros.
Pasos a seguir para poner en práctica la MBE
La práctica de la MBE se articula en torno a una serie sucesiva de pasos que enumeramos a continuación.
Convertir las necesidades de información en preguntas susceptibles de respuesta. Formular la pregunta de la manera más adecuada posible a partir del problema que se nos presenta. Este primer paso es muy importante, por lo que resulta de gran interés adquirir la habilidad necesaria para hacerlo bien.
Localizar las mejores evidencias con las que responder, a través de:
Bases de datos bibliográficas.
Revistas científicas.
Literatura secundaria o terciaria.
Guías de práctica clínica.
Valoración y evaluación crítica de la evidencia. Determinar su validez y utilidad para nuestra necesidad.
Aplicación de las conclusiones a nuestra práctica, teniendo en consideración los riesgos y beneficios, las expectativas, preferencias de los pacientes y sus necesidades emocionales.
Evaluación del rendimiento de esta aplicación.
Ya hemos comentado que los pioneros en MBE la definieron como una nueva forma de docencia y práctica de la medicina. Se fundamenta en el desarrollo de la capacidad de autoaprendizaje y el mantenimiento de una actitud de educador y educando a la vez. Es un proceso de aprendizaje autodirigido, basado en necesidades, en la resolución de problemas, y que dura toda la vida. La tradicional clase teórica magistral o las conferencias han demostrado una utilidad limitada en la actualización e innovación profesional. La MBE aporta una metodología más sistémica, basada en la resolución de problemas, a la vez que utiliza y rentabiliza las nuevas tecnologías. Las guías de práctica clínica tienen un importante papel no sólo como guías prácticas, sino también como instrumentos educativos, tanto en la formación de pregrado, como de postgrado y continuada.
La puesta en práctica cada uno de los pasos de la MBE mencionados en el apartado anterior requiere formación, y habilidades específicas.
Por otra parte, al potenciar el autoaprendizaje, podremos detectar áreas de conocimiento o de habilidades que queremos mejorar, con lo que surgirán propuestas para la formación continuada basadas directamente en nuestras necesidades. Proporcionar información no es transferir conocimiento, y no conlleva su aplicación, la utilización de las “mejores prácticas”. Para cambiar es necesario reflexionar con espíritu crítico, y conocer muy bien cómo hacemos nuestro trabajo, ser conscientes de las necesidades y beneficios del cambio, y afrontarlo con decisión, proceso íntimamente ligado a la transferencia y aplicación de la formación en la práctica diaria.
Para que el potencial de la MBE se materialice todavía queda mucha tarea pendiente. Nuestro conocimiento sobre como implementarla, qué políticas se necesitan para estimular la mejora y los cambios, todavía son insuficientes. Pero las herramientas, la metodología, y el conocimiento están a nuestro alcance.
La implicación e integración de los pacientes en la toma de decisiones también requiere tiempo, pero su participación es imprescindible para que la asistencia que prestamos responda efectivamente a las necesidades y expectativas sociales.
El éxito en la atención sanitaria basada en la evidencia se apoya no sólo en conseguir una actualización continua, sino también en la posibilidad de disponer de información fiable capaz de dar respuesta a cualquier pregunta surgida durante la práctica del trabajo clínico. El movimiento de MBE ha estimulado que se utilice la información científica de manera directa y previa a la toma de decisiones, sin embargo para realizar una búsqueda bibliográfica, leer y evaluar críticamente los artículo (pasos 2 y 3 de los cinco recién enunciados), es necesario disponer del tiempo y de los conocimientos necesarios para hacerlo.
Afortunadamente los recursos para disponer de información adecuada han evolucionado mucho en los últimos años, las búsquedas de información son cada vez más rápidas y más satisfactorias, a pesar de ello continúa siendo un reto el poder disponer de la información adecuada en el lugar en el que se necesita.
La información sobre la investigación médica se presenta en forma de diferentes productos. La investigación realizada directamente sobre pacientes o poblaciones da lugar a los artículos originales a los que también se les denomina fuentes de información primaria. Revistas como Lancet, NEJM, BMJ, Medicina Clínica, Atención Primaria, etc., contienen en su mayoría artículos originales, son revistas primarias.
Las fuentes de información médica secundaria ofrecen la síntesis de los resultados de la investigación recogida en las fuentes de información primaria, seleccionados y evaluados críticamente, facilitan la accesibilidad y la difusión de las conclusiones. Las revistas MBE que publican resúmenes criticados son ejemplos de revistas secundarias. Las revisiones sistemáticas, los meta-análisis y las guías de práctica clínica son productos de información secundaria realizados con una metodología rigurosa.
A continuación describimos los diferentes apartados en los que se pueden agrupar la información científica, disponible en Internet, realizada con metodología MBE en función del tipo de información que contienen y de las posibilidades que ofrecen en la ayuda a la toma de decisiones.
Trabajos originales
Los trabajos originales abarcan un amplísimo abanico de aspectos clínicos. Su lectura y evaluación crítica es necesaria para actualizar conocimientos, sin embargo no siempre ofrecerá respuestas convincentes al ser utilizadas para resolver un problema clínico, pueden existir diferencias en las características de los pacientes que dificultan la posibilidad de ser extrapolados y su aplicabilidad. Requieren habilidades de lectura crítica sobre las diferentes modalidades de artículo: diagnóstico, pronóstico y tratamiento.
jueves, 9 de abril de 2009
¿Que me puede ayudar a resolver ?
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